Mis habitos vienen de la soledad, no de los hombres. d


 «El aislamiento me ha hecho a su imagen y semejanza. La presencia de otra persona —sea quien sea— me retarda de inmediato el pensamiento y, si para el hombre normal el contacto con los demás es un estímulo tanto para la expresión como para la ocurrencia, en mí ese mismo contacto es un contra-estímulo, si es que esta palabra compuesta es viable ante el lenguaje. Soy capaz, a solas, de discurrir cuantos dichos ingeniosos, respuestas vertiginosas a lo que nadie ha dicho, fulguraciones de una sociabilidad inteligente frente a nadie; pero todo se me borra si estoy físicamente ante otra persona, y entonces pierdo la chispa, dejo de poder decir, y, al fin, en un cuarto de hora, siento sólo sueño. Sí, hablar con la gente me da ganas de dormir. Sólo mis amigos espectrales e imaginados, sólo mis conversaciones mantenidas en el sueño, conservan una verdadera realidad y un justo empaque y en ellas el espíritu se halla presente como una imagen en un espejo...

[...]

«Mis hábitos vienen de la soledad, no de los hombres»».


Fernando Pessoa [Bernardo Soares]. Libro del desasosiego. [385]

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